Di la verdad

DI LA VERDAD
“…no nos predicamos a nosotros mismo, sino a Cristo Jesús como Señor…” 2 Corintios 4:5.

Cuando piensas en el término evangelización, ¿qué imagen te viene a la mente? ¿Un gran estadio lleno de gente? ¿Un librito con un conjunto de diagramas? ¿Un cristiano que se pone un alfiler con el símbolo de un pez? ¿Un creyente celoso que juega ajedrez intelectual con un oponente pagano? ¿Un vendedor convenciendo a una persona renuente para que “pruebe a Jesús”?

Evangelización es, para algunos de nosotros, una mala palabra. Aunque pensamos que es una idea fantástica para otros, estamos seguros de que no es para nosotros. No estamos hechos para vender, ni somos lo suficientemente astutos como para jugar juegos intelectuales con los que no son cristianos.

Sin embargo, la evangelización no se trata de ser un buhonero que persuade a la gente para que compre lo que no necesita.  No tienen nada que ver con agarrar a la gente por la solapa y meterlas a la fuerza a la fe que no pasa del bolsillo de la camisa.  ¡Qué acusación tan severa reside en el comentario: “Se puede identificar a la gente a quien ella ha testificado por su semblante demacrado”!

La evangelización es sencillamente compartir con los demás lo que sabemos acerca de Jesús.  Pablo dijo: “…no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor…”.  Nada de trucos, ni engaños. Dí la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad… en amor.  Luego deja los resultados al Señor.  (Copiado de Nuestro Pan Diario, 14 de octubre de 2006).

Los que conocemos el gozo de la salvación deberíamos compartirlo.